domingo, 5 de abril de 2015

El Roque de María Pía (Targa, Alajeró)


Las investigaciones sistemáticas sobre las manifestaciones rupestres de La Gomera son muy recientes, pues hasta el último tercio del siglo XX se atribuía la “inexistencia” de grabados rupestres en la isla y en Tenerife al supuesto “arcaísmo cultural” de ambas, al considerarse que estaban pobladas mayoritariamente por el tipo racial Cro-magnon. Esta idea de corte evolucionista fue descartada a principios de la década de 1980, a raíz del hallazgo de las primeras estaciones rupestres de la isla, en los altos de Hermigua.

El yacimiento de María Pía está integrado por distintos paneles en los que predominan los motivos geométricos incisos, formando haces de líneas rectas, grupos de líneas atravesadas transversalmente por otros trazos rectilíneos, etc. En La Gomera, al igual que en Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura, son muy frecuentes este tipo de líneas sin forma concreta, lo que dificulta su interpretación. Generalmente, estos yacimientos con motivos lineales se emplazan en zonas frecuentadas por pastores indígenas, en paraderos pastoriles, atalayas y zonas de vigilancia del ganado.

Caboco del Corchete (Las Tricias)


Este yacimiento se emplaza en un salto del Barranco del Corchete. Consta de dos paneles verticales donde se han representado una espiral con final en meandros y meandriformes, ejecutados mediante la técnica de picado continuo.

El estudio arqueoastronómico de este yacimiento permite relacionarlo con los movimientos del sol y el inicio del verano y del invierno. En este sentido, en el panel con la espiral (a la izquierda de la imagen), el soporte está orientado hacia la puesta de sol durante el solsticio de invierno, mientras que en el caso del panel con los meandriformes (a la derecha), el soporte se orienta hacia la puesta de sol durante el solsticio de verano.

En relación con la plausible interpretación de este yacimiento, cabe señalar que a mediados del siglo XV, Alvise Ca’da Mosto refirió, al ocuparse de las creencias de los indígenas de La Palma, que adoraban al Sol, la Luna y otros planetas.


La Fajana (El Paso)

Descubierto en 1982 en el Lomo de La Fajana, este yacimiento se emplaza, al igual que otros muchos, en un espacio que destaca en medio del entorno circundante y desde el que se tiene un importante control visual de los barrancos y lomos aledaños.

Los motivos, grabados mediante las técnicas de picado y abrasión, repiten las formas documentadas en otras estaciones rupestres de la isla (espirales, círculos y semicírculos concéntricos…), pero el yacimiento presenta una serie de rasgos distintivos: es el panel de mayor tamaño documentado hasta la fecha en La Palma (4 x 3 m), presenta grabados en la práctica totalidad de su superficie y cuenta con cinco motivos circuliformes. Estas formas circulares, que presentan detalles distintos entre ellas, se han documentado únicamente en este yacimiento. Algunos investigadores las relacionan con el culto al sol, mientras que para otros podría tratarse de un calendario lunar.

El importante tamaño y la singularidad de algunas estaciones rupestres de La Palma ha llevado a catalogarlas como santuarios de carácter insular (La Zarza y La Zarcita o La Fajana). Otros conjuntos podrían tener valor cantonal o comarcal (Belmaco), otros podrían haber sido utilizados por los habitantes de uno o varios poblados y, en último lugar, las estaciones de menor dimensión podrían responder a un uso particular o familiar.


La huella del tsunami de Gran Canaria, en el Maipés de Agaete

El Maipés de Agaete, en Gran Canaria, es una necrópolis aborigen asentada sobre una colada volcánica de 250.000 metros cuadrados, un yacimiento funerario prehispánico a gran escala y también una oportunidad para contemplar, a modo de exposición al aire libre, las marcas visibles que perviven en el magestuoso Valle de Agaete y en el acantilado costero de uno de los pocos tsunamis documentados en Canarias.

Abierto al público oficialmente este mes, el recuperado Parque Arqueológico del Maipés de Agaete conserva 676 estructuras de enterramientos o túmulos construidos con piedras volcánicas por los antiguos pobladores de la isla, aunque podría haber más por descubrir, según los investigadores. 

De ellas, se han excavado sólo cinco túmulos que han aportado valiosa información sobre la forma en que los «canarii» o canarios sepultaban a sus muertos antes de la llegada de los conquistadores españoles.

«No sólo se puede acudir a mirar, a pasear por un lugar espectacular, sino a aprender sobre el universo funerario aborigen. Se han realizado intervenciones arqueológicas, investigaciones y una importante labor derestauración para que los visitantes puedan comprender lo que están viendo», explica Consuelo Marrero, directora y socia, junto a Valentín Barroso, de la empresa Arqueocanarias que acaba de ganar el concurso convocado por el Ayuntamiento de Agaete para explotar el parque arqueólogico.

Declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Zona Arqueológica en 1973, el Maipés o «Maipez de Arriba» es uno de los yacimientos arqueológicos más singulares de Gran Canaria y, probablemente, de Canarias. Las dataciones absolutas disponibles sitúan el uso del cementerio entre los siglos VIII y XII, aunque es probable que se prolongase hasta épocas relativamente recientes. 

Los llamados túmulos son espacios complejos. Compuestos, básicamente, por construcciones funerarias individuales, aunque también se han hallado dobles, definidas por cistas —cajones de piedra que servían para acoger el cuerpo—, sobre las que se edificaba una estructura (túmulo) con piedras volcánicas que marcaba el exterior de las tumbas.

Como curiosidad, los arqueólogos han observado que los túmulos están coronados con unas pocas piedras de color y textura diferentes a las de la zona, cuyo significado aún es una incógnita. Se cree que era una forma de identificar o distinguir los cuerpos, apuntó Marrero.

Desde Güímar al Valle de Agaete

El parque, con el Pinar de Tamadaba a sus espaldas, no es únicamente una toma de contacto directa con la cultura aborigen de Gran Canaria, sino una exhibición botánica y una rareza geológica. Las manchas blancas o depósitos marinos situados en las laderas del Valle de Agaete evidencian, según los expertos, la marca geológica de un virulento «tsunami» en forma de ola gigante que alcanzó la isla hace 800.000 años, como consecuencia de un desprendimiento volcánico ocurrido en el municipio tinerfeño de Güímar. 

El accidente geográfico provocó una mega ola que llegó a Gran Canaria en minutos y escaló valle arriba unos tres kilómetros. Las primeras hipótesis de este fenómeno se remontan a 1934 y precisamente para explicar este y otros misterios, el Maipés dispondrá en breve de un centro de interpretación disponible para los visitantes. 

La necrópolis del Maipés de Agaete conserva características parecidas a otros hallados en Gran Canaria, como el de Arteara, en San Bartolomé de Tirajana, aunque los túmulos del Valle destacan no solo por la considerable superficie que ocupan, sino por tratarse, después de una década de trabajos y más de un millón de euros invertidos por el Cabildo de Gran Canaria, de un parque arqueológico al aire libre, con un museo, senderos y puntos informativos para guiar y facilitar la comprensión a los visitantes. 

Cuerpos amortajados

A primera vista, los enterramientos parecen no responder a orden alguno. Sin embargo, los investigadores han descubierto que sí siguen un orden. Por ejemplo, los túmulos situados en los lugares más visibles son de mayor tamaño. El parque conserva también parte de la muralla que separaba los enterramientos del resto del poblado aborigen. Sin embargo, se han descubierto unos siete enterramientos fuera de la zona amurallada. 

Los cadáveres aparecen amortajados con una envoltura de tejido vegetal y amarrados con cuerdas del mismo material. Se cree que utilizaron la colada volcánica como camposanto porque es terreno inerte. No sirve para construir casas ni para cultivar, indicó Consuelo Marrero. 

En este sentido, es reseñable el grado de desarrollo de la agricultura que se presume debían tener los pobladores de la isla, en comparación con otras. Por los restos arqueológicos que atesora, como los completos hábitats de la Cueva Pintada de Gáldar, integrado por estructuradas casas de piedra, y los «grandes y complicados» graneros colectivos del yacimiento Cenobio de Valerón, en el municipio de Santa María de Guía, sugieren un notable conocimiento y práctica de labores agrícolas por parte de los «canarii».




sábado, 4 de abril de 2015

El Cementerio (El Paso)


Este yacimiento, descubierto en 1982 e integrado por 13 paneles, se emplaza en el cauce del Barranco de Las Canales, junto a una pequeña cueva próxima a un punto de abastecimiento de agua (ere). A su vez, se enmarca en una zona de pastoreo en época indígena, tal y como han puesto de manifiesto los hallazgos arqueológicos (paraderos pastoriles en las inmediaciones). Por su ubicación, el yacimiento constituye una excelente plataforma natural desde la que controlar el ganado. En este sentido, en la base de la cueva que sirve de soporte a los petroglifos, se documentan cuatro pequeñas cavidades que fueron ocupadas temporalmente en época indígena, al menos durante la Fase Cerámica IV.

Algunos investigadores sugieren que antes de este uso pastoril, y por tanto cuando las manifestaciones rupestres aún tenían su significado mágico-religioso, El Cementerio pudo funcionar como una especie de santuario al que acudían los antiguos palmeros a celebrar sus ritos. En este sentido, la temática (meandriformes, semicírculos concéntricos, espirales o grecas) y la técnica (picado y abrasión) de las representaciones permite argumentar que la mayor parte de los motivos fueron ejecutados a lo largo de la Fase Cerámica III. La preponderancia de estos motivos geométricos en los yacimientos de La Palma puede explicarse por el hecho de que las rogativas de los indígenas tampoco fuesen demasiado variadas (obtención de agua para las cosechas, pasto para el ganado…).


La Zarza y La Zarcita (Garafía)

Este yacimiento se emplaza en la laurisilva y próximo a una fuente de agua. Forma parte de un conjunto arqueológico integrado por asentamientos pastoriles, varias cuevas de habitación y cinco estaciones de grabados rupestres.

Su descubrimiento en 1940 abrió una nueva etapa en la investigación de La Palma, pues a partir de entonces se incrementó el catálogo rupestre de la isla. 

La Zarza es uno de los yacimientos más complejos y de mayor interés científico de La Palma, tanto por lo que se refiere a la amplitud de la superficie grabada (29 paneles), como por la complejidad y amplia cronología que manifiestan los motivos grabados. Está integrada, además, por varios abrigos excavados a finales de la década de 1990.

La Zarcita tiene menos envergadura (18 paneles) y desarrollo cronológico, y destaca por el contraste que plantean sus grabados (básicamente meandriformes) con respecto a los existentes en La Zarza (con mayor variedad iconográfica), especialmente si tenemos en cuenta que se encuentran a escasa distancia entre sí, aunque en ambos casos en la cota de los 1.000 m de altitud.

Los motivos rupestres representados pueden agruparse en cuatro categorías básicas: espirales, circuliformes, meandros y lineales, que aparecen solas o combinadas, y ejecutadas mediante la técnica de picado y abrasión. Suelen interpretarse como una práctica mágica para propiciar condiciones naturales favorables, en relación con el agua, pues las espirales, meandros, etc., se relacionan con la representación simbólica del agua (como elemento vital) y también con cultos lunares, con el objetivo de garantizar la abundancia de los recursos naturales sobre los que descansan las estrategias productivas.

La primera ocupación de este yacimiento, al igual que sucede con Belmaco, puede emplazarse en torno al siglo III a.n.e.




viernes, 3 de abril de 2015

Montaña Tenésera (Tinajo)


Este yacimiento se emplaza en una zona arqueológica en la que también se documenta una estación de canales y cazoletas. Los motivos rupestres se concentran en dos sectores de ocho y seis paneles, en los que se grabaron mediante incisión quince líneas de escritura latino-canaria, así como tres líneas líbico-bereberes y algunos signos sueltos de esta última escritura.

La presencia de escritura latino-canaria implica que las poblaciones imazighen norteafricanas que estaban influenciadas por la cultura y escritura romana, introdujeron en Lanzarote (y también en Fuerteventura, donde se ha documentado esta escritura), un segundo tipo de inscripciones alfabéticas. El hecho de que los paneles sean bilingües pone de manifiesto que el autor de esta escritura tenía conocimiento y control de ambos alfabetos. Posiblemente procedía de un territorio emplazado dentro de los límites del Imperio Romano, utilizó la escritura propia de los imazighen y aprendió una segunda al entrar en contacto con los romanos.

Entre las líneas latino-canarias documentadas en Lanzarote y Fuerteventura podemos encontrar nombres personales que son perfectamente conocidos en las inscripciones norteafricanas: Anibal, Nufel, etc. Los imazighen romanizados escribieron su nombre en caracteres latinos y añadieron su filiación en caracteres líbico-bereberes: se sentían copartícipes de la cultura y del sistema romano pero al mismo tiempo apegados a su origen amazigh.

En el caso concreto de Tenésera se ha documentado el topónimo o antropónimo Masidya, escrito en latino-canario. En el panel inferior derecho que se observa en la imagen, es posible que ambas grafías recojan el mismo término, relacionado con Venus, pero no la misma transliteración.