domingo, 31 de agosto de 2014

¿Pasó Colón por Bahía Feliz?


La coordenada exacta de Maspalomas donde Cristóbal Colón decidió enterrar durante unas horas el ancla hace más de cinco siglos aún continúa siendo un enigma. Al rechazo del Gobierno canario por declarar a la franja del Oasis como Bien de Interés Cultural (BIC) se le suma la hipótesis de que el almirante desembarcara en Tarajalillo. Uno de sus defensores es el investigador Paco Guedes, quien estima que la costa de Tarajalillo presentado mejores condiciones para el fondeo de las embarcaciones, además de la cercanía de posibles lugares para el abastecimiento de alimentos.

No existe certeza absoluta que Cristóbal Colón desembarcara en busca de abastecimiento en las inmediaciones de la charca de Maspalomas durante su cuarto viaje a América. La resolución del Gobierno de Canarias, que echó abajo la iniciativa del Cabildo para declarar la franja del Oasis como Bien de Interés Cultural (BIC), incluye en sus consideraciones la hipótesis del investigador Pablo Guedes, que defiende el desaparecido poblado de Pozo del Lentisco, ubicado hoy en día en Bahía Feliz, como enclave más probable para el avituallamiento del almirante.

Guedes señala que la costa de Tarajalillo parece el lugar más adecuado para el fondeo de las embarcaciones por el predominio de los alisios, el desarrollo de la actividad ganadera y salinera de sus pobladores, y la existencia de una laguna de aguas salobres.

De las escuetas referencias que Hernando Colón (hijo menor del gran almirante genovés) dejó escritas en su diario sobre el paso de su tripulación por el litoral meridional de Gran Canaria hace más de cinco siglos, solo se contempla que la llegaba de las cuatro naves tuvo lugar en el término de Maspalomas durante un período aproximando entre 24 y 48 horas. El tiempo suficiente para abastecer a sus navegantes de carne, agua, sal y leña en el cuarto viaje a América.

Sin embargo, los datos que se desprenden de los escritos del hijo de Colón impiden trazar en la costa de San Bartolomé de Tirajana un punto exacto en el que se produjo el desembarco. Algunas crónicas históricas, en las que se apoya el Cabildo para declarar la franja del Oasis como Bien de Interés Cultural (BIC), señalan las inmediaciones del Faro y la Charca de Maspalomas como el enclave adecuado para el fondeo de las embarcaciones. Sin embargo, una resolución reciente del Gobierno de Canarias ha rechazado la incoación de dicho expediente al carecer el Oasis de Maspalomas de "exponente arqueológico o arquitectónico" vinculante con los hechos ocurridos en el año 1502. Según el Boletín Oficial de Canarias, del pasado 6 de agosto, "los escritos de Hernando Colón, Juan de la Cosa o cualquier otro autor de la época no establecen una relación fiable entre ambas realidades [?] la valoración del lugar es difícilmente defendible ante las grandes alteraciones que ha experimentado por la intervención humana" a lo largo del tiempo. Por contra, el Ejecutivo incluye otros dos enclaves en el municipio tirajanero que resultan mucho más adecuado para el arribo de las embarcaciones del colonizador castellano: la Bahía de Meloneras y la desembocadura del barranco de Tarajalillo. Esta segunda opción es avalada por el investigador Pablo Guedes, quien aborda el debate histórico desde 2009.

Este apasionado de la historia del Sur de Gran Canaria sostiene que existen suficientes indicios para situar el desembarco de Colón en el desaparecido poblado canario de Pozo del Lentisco, situado en lo que en la actualidad se conoce como Bahía Feliz. Según las crónicas de la época, el paso de los expedicionarios por el sur de la isla duró apenas entre uno y dos días, por lo que probablemente la tripulación se sirvió del suministro de los pobladores canarios de la zona para llenar sus barriles con rumbo al nuevo continente.

En su línea de investigación, Pablo Guedes no descarta de manera tajante que el almirante pudiera arribar al Oasis de Maspalomas, pero sí defiende que existen más probabilidades de que el arribo ocurriera en Bahía Feliz por tres razones: en primer lugar, el término de Maspalomas abarca un espacio geográfico mucho más amplio que las inmediaciones del Faro. En concreto, los límites de esta denominación se extienden desde El Castillo del Romeral hasta terrenos más lejanos de la urbanización de Meloneras, por lo que esta denominación no solo ha de subscribirse al enclave del Oasis.

En segundo lugar, el viento que sopla por la bahía de Tarajalillo es más favorable para la navegación de barcos de vela del siglo XVI que otras zonas del litoral de Maspalomas. De ahí que Guedes sostenga que probablemente Colón decidiera detener sus navíos en Bahía Feliz y no continuar hasta el Oasis, que concentra más riesgos de escollo para el fondeo de barcos.

En tercer lugar, como su nombre indica, en el Pozo del Lentisco había un depósito de agua salobre, que serviría para realizar aguadas a los tripulantes. Y en sus cercanías, se encontraban unas salinas naturales, las llamadas de ´Abajo´, donde los aborígenes recogían sal para conservar sus alimentos perecederos. Ante la disposición de tales recursos, Guedes considera lógico que los expedicionarios desembarcaran en este enclave antes de continuar con su travesía por el Atlántico.

El cuarto argumento en el que el autor sureño apoya su tesis es el acceso del que dispone Bahía Feliz no solo a tabaibales, que garantizaban a los expedicionarios la materia prima para hacer fuego, sino además a un pinar que se extendía entre los 200 y 1.000 metros de la costa con el que se podía conseguir leña para la travesía.

El último indicio que fundamenta esta hipótesis reside en que los originarios de la zona de Tarajalillo se dedicaban principalmente a la actividad ganadera caprina. "En este enclave los canarios culminaban las apañadas de Tirajana, una costumbre que se seguiría realizando hasta el siglo XX, mediante la cual los pastores marcaban y controlaban los ejemplares", asegura Guedes. El escenario constituía una despensa de carne, manteca y cebada para Colón y los suyos.

A lo largo de estos últimos cinco años, Guedes ha ido recopilando crónicas e indicios que apuntan al enclave de Bahía feliz co- mo el sitio que reúne las características necesarias para que allí se produjera el acontecimiento histórico. "Se trata de ir encajando piezas en el puzle y, al margen de la polémica política suscitada por este asunto en los últimos meses, mi trabajado solo consiste en indagar sobre la historia del sur de la Isla", aclara el autor, quien, al ser vecino de Castillo del Rome-ral, conoce el terreno de Tarajali-llo y sus leyendas como la palma de su mano.

Para desarrollar su investigación, Guedes ha tenido que consultar documentos pasados de toda índole, desde contratos de venta de terrenos en Tirajana, actas notariales hasta mapas, registros de propiedad y libros de historiadores anteriores.

A día de hoy no quedan restos del antiguo poblado de Pozo del Lentisco en la bahía tirajanera. Esta cuestión, según Guedes, se debe a que los castellanos destruyeron durante La Conquista no solo las edificaciones aboríge- nes (casas, pozos), sino también cualquier manifestación religio- sa que no perteneciera a la Iglesia católica.

Asimismo, según se plasma en el Boletín Oficial de Canarias, existen datos adicionales acerca de la prestación de servicios militares que los pobladores de la bahía de Tarajalillo habían realizado a otros navegantes en aquellos años.

Independientemente de las hipótesis que los distintos autores formulen sobre este episodio histórico, lo cierto es que solo existen tres documentos que hacen referencia explícita a los hecho ocurridos hace más de cinco siglos: el diario del hijo del colonizador, Hernando Colón, que por aquella época tenía 13 años de edad, una carta del almirante genovés escrita en Jamaica días después de haber pasado por Canarias y una cita en un testamento que realizó uno de los escribanos que acompañó a Colón en su travesía.

Ante la inexistencia de pruebas arqueológicas y arquitectónicas que llenen de rigor científico las lagunas que circundan el paso de Colón por San Bartolomé de Tirajana, se abre un abanico de teorías en busca de trazar sobre el mapa sureño la coordenada exacta del desembarco. Además de la desembocadura del barranco de Tarajalillo, el Gobierno de Canarias menciona en su resolución la bahía de Meloneras como otro posible paraje en el que se desarrollara este hito histórico, que tanta polémica política ha levantado en los últimos meses.

martes, 26 de agosto de 2014

Eran rubios los guanches?", se preguntó un antropólogo americano en 1935

EFE - Santa Cruz de Tenerife

26/08/2014

(Foto: EFE)

Técnicos del Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife han encontrado en un rastro callejero un ejemplar de 1935 de la revista estadounidense "Natural History", en la que un antropólogo relaciona a las tribus del Rif africano con los guanches por el color rubio de sus cabellos.

La revista "Natural History. Journal of The American Museum of Natural History" fue adquirida por el técnico de Difusión y Comunicación de Museos de Tenerife Néstor Yanes Díaz en el rastro de Santa Cruz de Tenerife y en ella, un ejemplar de febrero de 1935, se publica un artículo de Carleton S. Coon titulado "The people of the Rif. The White Tribes of the Mountains of North Africa" (Los pueblos del Rif. Las tribus blancas de las montañas del norte de África).

Mercedes Martín, técnico del Instituto Canario de Bioantropología, del Cabildo de Tenerife, indica en una entrevista a EFE que en el artículo el antropólogo estadounidense explica el interés que los naturales del Rif -región montañosa del noroeste de África- tenían en ese momento para la ciencia, pues muchos de ellos eran rubios.

Este hecho, aunque exagerado a menudo, era sin embargo real, pues menos de la mitad de la población tenía el cabello negro aunque el de la mayoría era castaño medio u oscuro, detalla Mercedes Martín, que también ha publicado un comentario al respecto del mencionado artículo en la página en internet del Organismo Autónomo de Museos de Tenerife.

Uno de cada cuatro rifeños tenía la barba rubia y uno de cada tres, morena, y el pelo rubio era del tipo dorado, nunca de tonos cenicientos.

El 4 por ciento tenía el pelo con tintes rojizos y este porcentaje ascendía al 17 si se incluye el cabello de la barba, lo que los señala como uno de los pueblos más pelirrojos del mundo, y en su mayoría eran pecosos.

Más de la mitad tenía los ojos azules, grises o verdes, pero muy frecuentemente mostraban manchas de color marrón en un fondo más claro.

La combinación de los ojos azulados bajo cejas resaltadas, la barba rubia o rojiza y la piel blanca rojiza los hacen parecer una raza rubia pura, añade el antropólogo estadounidense en su artículo.

En este trabajo Coon comenta que los rifeños no son los únicos rubios en el norte de África, aunque son los más numerosos, pues "también los guanches en época de la conquista eran frecuentemente rubios".

En el norte de África, si se considera a árabes y bereberes, existe un mínimo de individuos rubios y actualmente los investigadores opinan que el guanche no debió variar demasiado de las poblaciones mediterráneas, en general, y norteafricanas, en particular en cuanto a la pigmentación de piel, pelo y ojos.

Tampoco debieron diferir en demasía de las poblaciones canarias actuales y así, la proporción de gente con ojos, tez y cabello de tonos claros debió rondar el 10-20 por ciento de la población, precisa Mercedes Martín.

Carleton S. Coon (1904-1981) fue presidente de la American Association of Physical Anthropologist y sus estudios sobre las razas han sido controvertidos.

Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó de espía para los franceses en Marruecos, bajo la ocupación alemana, y utilizó como excusa para ello sus trabajos de campo, lo que le supuso posteriormente la crítica de sus colegas en cuanto a su ética profesional.

También trabajó para la Oficina de Servicios Estratégicos de Estados Unidos, la precursora de la CIA.

Fue discípulo del también estadounidense E. A. Hooton, quien realizó uno de los estudios más pormenorizados, integrales y completos llevados a cabo en esa época en Canarias y que fue publicado en 1925 con el título "The Ancient Inhabitants of the Canary Islands".

Sin embargo, Hooton desmintió que el norte de África haya sido un "centro de rubios", aclara Mercedes Martín.


domingo, 24 de agosto de 2014

La isla de los astrónomos


La isla de los astrónomos

¿Pero cómo consiguieron semejante control del tiempo sociedades aparentemente atrasadas y aisladas durante siglos del resto del mundo por millas y millas de océano? La respuesta está en el cielo… y en las piedras de una decena de yacimientos de Gran Canaria.

Los pastores más viejos de Gran Canaria aún conservan la habilidad de sus mayores de saber la hora del día con sólo mirar al sol, el dios Magec que regía las vidas de los antiguos canarios, o de saber el momento del año por las estrellas del cielo. Algunos de ellos quizá mantengan el conocimiento heredado de padres a hijos de que existen en la isla determinados puntos donde las sombras o los rayos del sol dicen que ha llegado la primavera o incluso que comienza el día más largo del año.

Y es que la isla está salpicada de emplazamientos que mantienen la memoria de losfaicanes, los sacerdotes aborígenes que dirigían los ritos y atesoraban la sabiduría de matemáticos y astrónomos en aquellas viejas sociedades.

La cueva número 6 de Risco Caído

La cumbre del conocimiento astronómico de las sociedades prehispánicas que habitaron Canarias se encuentra en Artenara, el pueblo más alto de Gran Canaria (1.270 metros), donde algunos vecinos siguen viviendo hoy en casas cueva al borde de la sobrecogedora caldera volcánica de Tejeda, como hicieron sus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos.

Parte de esas cuevas se encuentra en el paraje conocido como Risco Caído, que los pastores de la zona utilizaron como pajar hasta 1996, cuando se revelaron como un importante yacimiento, con antiguos grabados en sus paredes. Pero fue en 2009 cuando se descubrió el detalle que hace especial a la cueva número 6: desde las 08.00 hasta la 10.00 de la mañana del día más largo del año (21 de junio), la luz solar que se cuela por la claraboya que corona su cúpula proyecta contra la pared un rayo que va iluminando poco a poco los 30 grabados en forma de pubis femenino que decoran sus paredes.

Ese juego de luces y sombras se percibe en su apogeo coincidiendo con el solsticio de verano, pero comienza a producirse con el equinoccio de primavera y termina con el de invierno. Y, para cerrar el ciclo de las estaciones, la primera luz de luna genera el mismo efecto en el solsticio de invierno.

Tumba del Rey, en la necrópolis de Arteara, iluminada por los primeros rayos de sol de la primavera. EFE/Elvira Urquijo A.

“Este es posiblemente el marcador solsticial más importante de toda Canarias. No hay nada absolutamente igual, no sólo en esta isla, sino en resto del archipiélago”, defiende Julio Cabrera, el arqueólogo que dirige por encargo del Cabildo de Gran Canaria los estudios de esta cueva.

Su antigüedad concreta se ignora, pero su valor nunca ha pasado desapercibido. Ni ahora que el Cabildo ha promociona su candidatura a formar parte del listado de sitios arqueológicos Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, ni antes del descubrimiento de sus grabados. De hecho, los arqueólogos han encontrado un documento del siglo XVII que atestigua que la población local sabía que esa era una cueva valiosa, un sitio sagrado. En él, un vecino de Artenara, descendiente de aborígenes, lega dos cuevas almogarenes a su hermano y le obliga a prestar una fianza para que no las destruya, ni venda ni permita que desaparezcan.

Otros relojes prehispánicos en Gran Canaria

Risco Caído es el más sofisticado de los milenarios relojes prehispánicos que salpican los 1.560 kilómetros cuadrados de Gran Canaria, pero no el único. Muy cerca de allí, en la caldera de Tejeda, se encuentra el Roque Bentayga. También allí existe un área ceremonial, donde los rayos que se cuelan al amanecer por una muesca de un promontorio rocoso en los dos dos equinoccios del año se alinean con unos agujeros en forma de cazoleta excavados hace siglos en la roca del suelo.

El mismo efecto, a mucha mayor escala, se puede ver en el barranco de Fataga, en la necrópolis de Artenara, un cementerio utilizado por los pueblos prehispánicos por lo menos durante 700 años, desde el siglo VIII hasta el XV, como atestiguan las pruebas de Carbono 14. Allí se levanta un millar de túmulos funerarios. Uno de ellos tiene nombre propio en la tradición oral de la zona: El túmulo del Rey. No hay pruebas de que allí descanse rey alguno pero los lugareños siempre han sabido que esa no es una tumba más.

Y no sólo por su lugar central en la necrópolis, sino porque dos días al año -el primer día de primavera y el primero del otoño- los primeros rayos del sol rebasan el risco de Amurga por una muesca natural con forma de V en la montaña y arrojan un espectacular haz de luz directamente sobre la tumba, que hace que sus piedras resplandezcan.

El arqueólogo Xabier Velasco, del servicio de Patrimonio del Cabildo de Gran Canaria, resume así el sentido de estos marcadores astronómicos: “Desde el Paleolítico, las poblaciones trataron de controlar el paso del tiempo, de las estaciones, algo que solo puede hacerse tomando como referencia fenómenos recurrentes, como el recorrido del sol y las estrellas”.

04.- Un grupo de personas escucha las explicaciones de José Carlos Gil, de la Agrupación Astronómica de Gran Canaria, sobre la relación de los antiguos canarios con la astronomía. EFE/Elvira Urquijo A.

Existe un puñado más de ejemplos de “relojes solares” en la misma isla: como el túmulo de la Guancha o Las Cuatro Puertas de Telde.

El Cabildo de Gran Canaria los llama yacimientos con estrella y programa regularmente visitas guiadas a ellos en los momentos clave del año que permiten adivinar cuál era su utilidad para las sociedades que habitaron la isla antes de su incorporación a la Corona de Castilla.

El observador de la Agrupación Astronómica de Gran Canaria José Carlos Gil, estudioso de la cultura aborigen, subraya que controlar el tiempo nunca ha sido una cuestión baladí. De ella, podía depender la supervivencia, saber cuándo había llegado el momento propicio para sembrar o estar preparado para el inicio del celo del rebaño.

Y los arqueólogos consideran que gracias a estos conocimientos los antiguos canarios se adaptaron al ecosistema durante sus por lo menos 1.400 años de dominio de las islas.

jueves, 21 de agosto de 2014

Investigadores descubren la "receta" genética de la regeneración de la cola de los lagartos


Ejemplar de lagarto gigante canario./ED

MADRID, 20 (EUROPA PRESS)

Al entender el secreto de la regeneración de las colas de los lagartos, los investigadores pueden ser capaces de desarrollar formas de estimular la regeneración de extremidades en los seres humanos. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Arizona (ASU, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos, está un paso más cerca al descubrir la "receta" genética de la regeneración de la cola del lagarto, que puede consistir en la utilización de pocos y en la cantidad correcta ingredientes genéticos.

Un equipo interdisciplinario de científicos utilizó herramientas moleculares de próxima generación y análisis de ordenador para examinar los genes que se activan en la regeneración de la cola en este clado. El equipo, cuya investigación se publica este miércoles en 'Plos One', estudió la regeneración de la cola del lagarto verde ('Anolis carolinensis'), que cuando se ve atrapado por un depredador, puede perder su cola y luego volver a hacerla crecer.

"Los lagartos, básicamente, comparten la misma caja de herramientas genética que los humanos --afirma el autor principal del trabajo, Kenro Kusumi, profesor en la Facultad de Ciencias de la Vida de la ASU y decano asociado de la Facultad de Artes Liberales y Ciencias--. Los lagartos son los animales que pueden regenerar apéndices enteros más estrechamente relacionadas con los seres humanos. Descubrimos que activan al menos 326 genes en regiones específicas para la regeneración de la cola, incluyendo genes implicados en el desarrollo embrionario, la respuesta a las señales hormonales y la cicatrización de heridas", detalla.

Otros animales, como las salamandras, los renacuajos y los peces, también pueden regenerar sus colas, con un crecimiento sobre todo en la punta. Durante la regeneración de la cola, todos encienden genes en lo que se llama la 'vía Wnt', que se requiere para controlar las células madre en muchos órganos, como el cerebro, los folículos capilares y los vasos sanguíneos. Sin embargo, los lagartos tienen un patrón único de crecimiento de tejido que se distribuye a lo largo de la cola.

"La regeneración no es un proceso instantáneo --explica Elizabeth Hutchins, estudiante graduada en el programa de Biología y coautora molecular y celular del trabajo en la ASU--. De hecho, los lagartos necesitan más de 60 días para regenerar una cola funcional. Los lagartos forman una compleja estructura regeneradora con células en crecimiento en los tejidos en distintos sitios a lo largo de la cola".

"Hemos identificado un tipo de célula que es importante para la regeneración de los tejidos", subraya Jeanne Wilson-Rawls, coautora y profesora asociada de la Facultad de Ciencias de la Vida de la ASU. "Al igual que los ratones y los seres humanos, los lagartos tienen células satélite que pueden crecer y desarrollarse en el músculo esquelético y otros tejidos", concreta esta investigadora.

"Mediante el uso de tecnologías de próxima generación para secuenciar todos los genes expresados durante la regeneración, hemos desbloqueado el misterio de los genes que son necesarios para que la cola de lagarto vuelva a crecer --resalta Kusumi--. Siguiendo la receta genética para la regeneración detectada en lagartos y, a continuación, aprovechando esos mismos genes en células humanas, puede ser posible hacer que vuelva a crecer cartílago nuevo, músculo o incluso médula espinal en el futuro".

Los investigadores esperan que sus hallazgos ayuden a llevar a descubrimientos de nuevos enfoques terapéuticos para lesiones de la médula espinal, reparar defectos de nacimiento o tratar enfermedades como la artritis.

El Cabildo de Lanzarote concluye el ciclo de conferencias sobre los yacimientos paleontológicos de Órzola con un sendero interpretativo

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El Cabildo de Lanzarote ha organizado durante agosto una agenda de actividades en torno a los yacimientos de Órzola en el que se encontraron huevos fósiles de aves gigantes de hace 5 o 6 millones de años. Se ha realizado una caminata en la zona donde está trabajando el equipo de paleontólogos y arqueólogos y también tres charlas, una más de las previstas inicialmente. Todas las propuestas han contado con el aforo lleno y el sendero se cerró con 70 personas.

El consejero de Patrimonio Histórico, Juan Antonio de la Hoz, explica este jueves en nota de prensa que “además de la conferencia que se organizó en el Centro Socio Cultural de Haría y otra en el salón de actos del Archivo Histórico de Arrecife, añadimos una tercera, el pasado viernes 15 de agosto, en Órzola, a petición de la comisión organizadora de las fiestas que se celebran en honor a Santa Rosa”. Las charlas las ha impartido el paleontólogo Antonio Sánchez del Instituto Catalán de Paleontólogía Miguel Crusafont.

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De la Hoz insiste en que “la sociedad insular tiene mucha curiosidad en este descubrimiento arqueológico ya que no hay constancia en ninguna otra parte del mundo de que haya avestruces (ratites) en islas surgidas de la corteza oceánica, su procedencia, cómo llegaron a Lanzarote sigue siendo un misterio”.

Los paleontólogos indican que todavía no se puede explicar cómo unas aves cuyos huevos datan de hace más de 5 y 6 millones de años, cuyos antecesores más inmediatos perdieron su capacidad de vuelo hace unos 90 millones de años, pudieron llegar aquí, si las islas más antiguas emergen hace unos 20 millones de años.

jueves, 14 de agosto de 2014

Las Cuevas de Ajuy son una mina

Vecinos y empresarios de Hostelería de Ajuy no disimularon ayer su malestar ante el anuncio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, a través de la Demarcación de Costas de Canarias, de autorizar la actividad de visitas guiadas en las cuevas a una empresa privada. La mayoría de los residentes piden al Cabildo Insular y al Auyuntamiento de Pájara que informen a sobre la privatización de este paraje único en la Isla, que recibe cada día cientos de turistas. La vecina Carmen Figueroa anuncia que no está en contra de que se cobre "pero que el dinero sea para un ente público".

Empresarios, vecinos, veraneantes y turistas que transitaban ayer por la localidad de Ajuy coinciden en que las Cuevas y senderos de Ajuy son un paraje único que se debe cuidar y proteger. "No me parece bien que se cobre para entrar en las cuevas, ni en visitas guiadas y menos por parte de una empresa que está denunciada. Creo que este sitio es de todos, ya se hizo mal hace años la segregación del pueblo y un listo quiere aprovecharse de las cuevas para lucrarse y ganar dinero fácil en un lugar que es público y de todos los vecinos", explicó Paco Figueroa, residente durante todo el año.

Unas cuevas que se han convertido en una mina de oro, dado que en la mañana de ayer pasearon por este espacio varios centenares de turistas. Los residentes de la localidad sureña reconocen que las cuevas están de moda, los turoperadores las incluyen en sus guías, y cada día el trasiego de gente es imparable y comen el tradicional pescado fresco en los restaurantes.

Los vecinos preguntan "cómo es posible que una empresa que está denunciada haya conseguido una licencia de Costas a dedo". "Veo algo raro y creo que tanto el alcalde como el Cabildo deben reunirse con los vecinos, posicionarse y si hay que explotarlo que sea de forma legal y con transparencia como en el resto de museos de Fuerteventura", sugiere Carmen.

Por otro lado, Jesús Quesada asegura que no hay precedente, ni un caso parecido en Canarias. "Estoy en contra, aquí se concede un permiso a una empresa y listo", añade.

"Están de moda, y los extranjeros han empezado a poner candados en el mirador de las cuevas como en el puente de París. Y basta para que se instale el cartel de prohibido mojones para que se llene todo el cantil" aseguró un maestro que veranea siempre en esta localidad marinera.

La autorización de Costas a la empresa Cuevas del Paraje Natural de Ajuy SL ha revolucionado a los residentes y veraneantes de la localidad. Algunos no se oponen al cobro e incluso apuestan por convertir este litoral en un centro de la Red de Museos del Cabildo Insular para evitar que se llene de basura pero con un precio razonable y transparencia, donde sean públicos los datos de visitantes diarios y recaudación.

Otros en cambio responden que debe ser el Ayuntamiento de Pájara el que se encargue de mantener limpias las grutas, senderos y la playa. "Resulta vergonzoso porque la arena y la playa está llena de basura y este pueblo carece de servicio de limpieza. Y somos los propios usuarios, residentes y marineros los que nos encargamos del mantenimiento de la zona", advierte un vecino que prefiere mantener el anonimato.

Los pescadores acostumbran a pasar de la primera cueva a la segunda para pescar. "Ahora se nos prohibirá el acceso porque hay que pagar para entrar y así se cargan una tradición", sentencia Felipe Figueroa, que también es residente de verano. Y añade que "a la empresa le han concedido el paso por unos metros de costa para cobrar un servicio de visitas guiadas pero los residentes tendremos derecho a entrar a pescar".

Y mientras la confusión se apodera de los residentes, los turistas se mantienen ajenos a la polémica. Desde Las Palmas llegaba ayer a disfrutar con toda la familia Carmen López Hernández. "Cuando hemos ido a ver las minas a Asturias hemos pagado, en Lanzarote igual, el problema es que aquí no hay mucho que ver. El precio tendrá que ser barato y deberán poner servicios", solicitó la grancanaria. Y añadió que "había suciedad y malos olores en el fondo de las cuevas".

Desde Tenerife viene con frecuencia Pascual Miguel Leando Lugo y cree que si se cobra la entrada las cuevas perderán su encanto. "Son muy bonitas porque están naturales y si se hacen obras no viene nadie", comentó.


sábado, 9 de agosto de 2014

Parque geológico Cueva del Viento (Icod de los Vinos, Tenerife) Una ruta interpretativa turística

La cavidad volcánica está enclavada en el barrio Cueva del Viento, del municipio Icod de los Vinos. Se formó hace 27.000 años en lavas basálticas procedentes de la primera fase erup- tiva del volcán Pico Viejo, situado junto al Teide (Tenerife, Islas Canarias) (Carracedo et al., 2008).

Este tubo volcánico, cuyo nombre se debe a las importantes corrientes de aire que se pro- ducen en su interior, es el quinto más largo del mundo (17.032 metros topografiados) (Oromí et al., 995) tras los cuatro primeros que se encuentran en la isla de Hawaii (la mayor del archipiélago de Hawaii, Estados Unidos) (Bob Gulden, 200). Constituye una enorme red la- beríntica de pasajes subterráneos, siendo innumerables las ramificaciones aún sin explorar, que permitirán ampliar su longitud en el futuro.

La Cueva del Viento también destaca por sus características geomorfológicas únicas, ya que su red de galerías se dispone en tres niveles superpuestos, fenómeno que no está des- crito en ningún otro lugar del mundo. Además, presenta una amplia variedad de estructuras de origen primario tales como estalactitas de lava, cascadas lávicas, terrazas laterales y lagos de lava, entre otras, así como concreciones secundarias de diferente composición (carbonato cálcico y otras sales).

La mayor relevancia biológica de esta intrincada cavidad volcánica es su fauna subte- rránea, que constituye una fuente constante de nuevos hallazgos. La cueva alberga un total de 90 especies conocidas, la mayoría invertebrados. De éstas, 48 son troglobias, esto es, animales adaptados al medio subterráneo y que ya no pueden vivir en el exterior. Entre estas especies condenadas a vivir en la oscuridad, 5 han resultado ser nuevas para la ciencia, como la cucaracha sin ojos Loboptera subterránea o los escarabajos Wolltinerfia martini y Wolltinerfia tenerifae (Oromí et al., 1995). En su interior también se encuentran algunos res- tos fósiles de animales vertebrados ya extinguidos, como la rata y el lagarto gigantes, y otros restos óseos de especies ya desaparecidas en Tenerife, como la graja y la hubara.

En cuanto al proceso que origina esta clase de tubos volcánicos, por regla general se trata de estructuras características de un tipo de coladas basálticas, donde el mantenimiento del calor en el interior del flujo hace progresar el frente de la colada. La conservación del calor queda garantizada cuando se desarrolla una costra continua que aísla térmicamente la lava interior, a la vez que ésta va definiendo conductos de circulación preferente. Al terminar la erupción, la lava de estos conductos sigue circulando hasta dejarlos vacíos. En la Cueva del Viento se observan tres niveles de conductos que parecen ser producto de sucesivas etapas eruptivas, que generaron coladas superpuestas, en cuyo seno se construyeron las galerías.

El Cabildo de Tenerife, a través del Museo de Ciencias Naturales, adquirió los terrenos en las inmediaciones de las bocas de la cueva del Sobrado, situadas en medio de un pinar a mayor altitud que el barrio de la Cueva del Viento. En el conjunto de la finca se eligió una atractiva ruta donde, más que una cueva-espectáculo, que también lo es, se oferta una visita guiada interpretativa en la que se muestra y revela qué es un tubo volcánico laberíntico, así como otros fenómenos geológicos y aspectos etnográficos presentes a lo largo de la ruta. A los guías se les preparó un manual ilustrado (Socorro, 2008) que recopila la información de todos los puntos de interés de la misma. Asimismo, algunos esquemas y fotos, impresos a gran tamaño en el manual, se utilizan para una mejor explicación a los visitantes.