viernes, 3 de abril de 2015

Cueva Palomas (Femés)


El conocimiento del mundo rupestre en Lanzarote comienza a despegar a finales de la década de 1970, pues con anterioridad a esta fecha sólo se tenían noticias sobre descubrimientos fortuitos y fuera de contexto.

Del conjunto de yacimientos rupestres de Lanzarote, Cueva Palomas es, sin duda, el más complejo de la isla, dada la cantidad de paneles que alberga (101), y la variedad de la temática y de las técnicas de ejecución que se documentan. En él conviven la escritura líbico-bereber y la latino-canaria, podomorfos ejecutados mediante el picado y en ocasiones bruñidos, la representación de una sandalia, motivos geométricos rectilíneos, así como diversos barcos de factura histórica.

El panel que se muestra en la imagen alberga la agrupación más significativa de signos líbico-bereberes, ejecutados mediante la técnica de incisión gruesa. Estas inscripciones, cuando aparecen asociadas a las latino-canarias, como es el caso, pueden ser datadas en torno al cambio de Era. Esta es exactamente la época de las colonias de Augusto en Marruecos (Tingis, Lixus, Zilis, etc.: 27 – 14 a.n.e.) y de las del rey mauritano Juba II (25 a.n.e. – 23 d.n.e.), con sus factorías de púrpura en Mogador y probablemente también en las Islas Canarias.


Barranco de El Cuervo (Valverde)


Este yacimiento, próximo al mar, forma parte de un conjunto de diecisiete estaciones rupestres repartidas por el Barranco de El Cuervo. La imagen se corresponde con un panel de la denominada Estación 6, que está integrada a su vez por diez paneles en los que la mayor parte de los motivos representados pertenecen al grupo de signos geométricos, como es el caso de las formas de tendencia espiraliforme, laberínticas, signos geométricos combinados con signos de escritura líbico-bereber, e incluso una figura esquemática que puede considerarse como la representación de un posible cáprido. Se documentan también en esta estación antropomorfos esquemáticos, similares por su tipología a los de yacimientos de Gran Canaria como Cuevas de Cubas (Telde), y a los pintados de la Cueva de Majada Alta (Tejeda).

Todos los grabados de El Cuervo están ejecutados mediante un picado intenso, que ha propiciado que los surcos grabados sean profundos y anchos, dotándolos de gran realce y visibilidad. En algunos paneles se han ejecutado grabados históricos (barcos) mediante la técnica de rayado, lo que evidencia el uso de este enclave en un momento posterior a la conquista.

En el panel de la imagen se observan, en el margen superior, dos líneas de signos, dispuestos de forma horizontal y paralela. En ambos casos puede tratarse de la rotación de signos alfabéticos líbico-bereberes. Asimismo, más abajo se aprecia un motivo de tendencia cuadrangular, acompañado por un punto en su interior, que podrían ser dos signos alfabéticos líbico-bereberes enlazados, aunque muy alterados.


Cueva del Agua o del Letime (Isora)


Descubierta en 1980, esta cueva debe su nombre a la presencia en su interior de un rezumo por el que se filtra el agua de la lluvia, así como a su emplazamiento en el límite superior del risco que bordea la Costa de Las Playas.

Los grabados, ejecutados mediante la técnica de picado, se emplazan en las paredes laterales, desde la entrada del tubo volcánico hasta la mitad de su recorrido. Predominan los motivos geométricos (círculos, óvalos y trazos lineales cortos) y en el margen izquierdo de la entrada se localiza el panel de la imagen, con inscripciones líbico-bereberes. La cueva no fue utilizada como vivienda y al igual que en La Candia, el yacimiento refleja una vez más la asociación que existe entre el aprovisionamiento del agua y la ejecución de grabados rupestres en el entorno inmediato.

Si tenemos presente que la Cueva del Agua se localiza en un lugar de paso, los grabados pueden explicarse como indicación de un punto de agua, o también como expresión de la sacralización del lugar, fruto de la existencia de agua en una zona donde su captación es difícil, como sucede en toda la isla.


La Candia (Valverde)


Este yacimiento fue descubierto por Aquilino Padrón en 1875 y pronto estudiado por investigadores franceses, caso de Sabin Berthelot o René Verneau, quienes plantearon las primeras teorías sobre su origen y significado cultural, en relación con las poblaciones libias y númidas.

Los grabados alfabetiformes se ubican sobre las columnas basálticas de un roque y en la cornisa de la cueva, conjunto este último que recoge la imagen. Algunos testimonios de principios del siglo XX atribuyen un uso sepulcral para la cueva, en cuyo interior se fabricó un aljibe en época histórica. No obstante, distintos investigadores han cuestionado el uso mortuorio ante la falta de evidencias arqueológicas que corroboren esa opinión.

La Candia, al igual que otras estaciones rupestres de la isla con inscripciones (Tejeleita, Barranco del Cuervo o la Cueva del Agua), se emplaza en el cauce de un barranco, junto a un punto de captación de agua (ere). El Hierro tenía problemas de disponibilidad acuífera en época indígena, por lo que los grabados rupestres podrían estar relacionados con la existencia de rituales propiciatorios de la lluvia y por tanto, con las necesidades vitales de la comunidad.


El Julan (Frontera)


Los grabados rupestres de El Julan fueron descubiertos en 1873 por Aquilino Padrón. Desde entonces, El Julan ha ocupado una posición central en la literatura arqueológica canaria. La Zona Arqueológica la integran dos conjuntos rupestres, concheros (grandes acumulaciones de restos de moluscos, fruto de las prácticas alimenticias de las sociedades indígenas), aras de sacrificio (espacios dedicados a prácticas rituales) y cuevas de habitación y de enterramiento.

El sitio rupestre está integrado por dos coladas lávicas, localizándose los grabados en sus dos bordes. El primer conjunto, Los Letreros, es el más largo y sus paneles presentan mayores dimensiones y complejidad. Está integrado por 69 paneles con grabados. Este conjunto se emplaza próximo a un tagoror, una estructura elaborada en piedra seca que fue empleada por los indígenas como lugar de reunión para la celebración de consejos. El segundo conjunto, Los Números, se localiza a unos 500 m al Norte del anterior y está integrado por 37 paneles. Recientemente se han localizado dentro de la misma zona de El Julan otra serie de grabados que vienen a añadir más relevancia al yacimiento.

Los motivos rupestres, realizados en su mayoría mediante el picado, incluyen: inscripciones alfabéticas líbico-bereberes y, sobre todo, grabados geométricos (círculos aislados, partidos por uno o más diámetros o tangentes, trazos sinuosos, herraduras, etc.) Los motivos geométricos forman, generalmente, paneles muy complejos, algunos de varios metros de largo, y presentan afinidades con otros ejemplos documentados en el Atlas africano. Algunos investigadores proponen una fecha en torno a mediados del Primer Milenio a.n.e. como la época en que fueron realizadas las inscripciones líbico-bereberes de El Hierro, que presentan paralelismos con las documentadas en el norte de Argelia y Túnez.




Montaña de Tindaya (La Oliva)


La Montaña de Tindaya es un pitón traquítico, cuya cima está a 400 m de altitud. En la misma se documentan aproximadamente 300 grabados rupestres podomorfos, la mayor concentración de Canarias. Estos motivos representan siluetas de pies humanos en los que, en algunos casos, aparecen bien definidos los aspectos anatómicos. Los podomorfos presentan claros paralelos con los documentados en el Norte de África (Sáhara Occidental, Atlas marroquí o Tassili N’Ajjer, en Argelia). Están ejecutados mediante las técnicas de picado, en unos casos, y de incisión en otros casos, y se sitúan en las cotas altas y medias de la montaña. El carácter sagrado de Tindaya se puede establecer por la comparación con sitios similares documentados en el Norte de África, por ejemplo en el Atlas, donde los grabados de pies sirven para sacralizar los espacios, de tal forma que lo sagrado no son los grabados, sino el propio entorno.

Los podomorfos se han relacionado con el sentido de toma de posesión, de purificación en lugares de paso, o con lugares donde se impartía justicia. Asimismo, también se han relacionado con la veneración hacia divinidades, espíritus o genios inmateriales – los “Invisibles” –, que escogen como lugar de fijación la cima de determinadas montañas, las fuentes naturales o determinados árboles, que quedan consagrados como santuarios donde se les rinde culto, en solicitud de lluvias, tierras fértiles y ganado abundante. Los estudios astronómicos han establecido orientaciones de los grabados de Tindaya hacia determinados hitos orográficos (el Teide o la isla de Gran Canaria), así como hacia eventos astronómicos significativos (solsticios, lunasticios, posiciones de algunas estrellas y constelaciones), de los que se han derivado posibles vínculos con cultos astrales.





Montaña Blanca de Arriba (Antigua)


El descubrimiento de los grabados rupestres en Fuerteventura se remonta a finales del siglo XIX, cuando se produjeron los primeros hallazgos, que sólo se conocen a partir de la documentación recogida por Sabin Berthelot en su obra Antiquités canariennes (1879). Sin embargo, no fue hasta 1977 cuando comenzó el estudio sistemático de las manifestaciones rupestres, a raíz del hallazgo del yacimiento más importante de la isla: la Montaña de Tindaya.

El enclave de Montaña Blanca, integrado por veinticinco paneles, cuenta en su haber con algunos de los motivos más frecuentes del mundo rupestre de la isla: escritura latino canaria, líbico-bereber, barquiformes y motivos geométricos rectilíneos y rectangulares. En la imagen vertical se muestra un motivo espigiforme. Todos los grabados han sido ejecutados mediante la técnica incisa y en algunos casos también se documenta el rayado.

En uno de los sectores del yacimiento se siguieron ejecutando grabados hasta época reciente, tal y como se desprende de las características y técnicas de los motivos.